A casi dos décadas de una terrible tragedia: “Nada volvió a ser igual”

Allá por el 2004, de manera tan inesperada como angustiante, Paraguay fue noticia a nivel mundial un 1 de agosto. La mayor catástrofe que sufriera el país, al margen de las guerras, haría que la vida tome otro valor en medio de tantas dolorosas de muertes que rompieron los abrazos de tantas familia. Desde ese día, ya nada volvió a ser como antes para miles de compatriotas.

| Por Diego Corvalán
El dolor que marcó la tragedia aún sigue presente en el corazón de miles de paraguayos. Desde ese día, nada fue igual. (Foto: IP)

“Esto fue una catástrofe. Esto es algo que cambió para siempre la sonrisa del trinidense, cambió el ser del trinidense. Ya nada es igual. Pero hay que vivir con ello”, dijo a Nación Media Gustavo Sosa, el psicólogo a quien le tocó vivir esta experiencia no solo como trinidense, sino además como profesional.

“No había palabras que se puedan decir. Era acompañar en el silencio. Era simplemente estar con ellos. Era respetar y aceptar el dolor del otro”, recordó reviviendo esa sensación indescriptible que partía el corazón de quienes eran testigos de tanta crueldad.

Roberto Ríos, bombero voluntario que ese día prestó servicio, dijo que esa jornada tatuó sus días para siempre. “Ese servicio marcó mi vida. Nunca antes había visto tantos cadáveres juntos. Fue algo realmente fuerte”, dijo el voluntario que prestaba servicios en la 5ta Compañía del Cuerpo de Bomberos Voluntarios.

Cuando sonó la alarma de un incendio grande en un supermercado, sabía a lo que se podría enfrentar, pero jamás tan siquiera se le cruzó por el peor de sus pensamientos que ese monstruo tendría semejantes proporciones.

“Nos encontramos con algo dantesco. No sabíamos bien por donde comenzar. Había personas atrapadas, personas ya fallecidas, el fuego parecía un monstruo que no cedía aunque un montón de gente estaba trabajando allí”, rememoró.

El barrio Trinidad fue luto y dolor. Y junto a él un país que deshacía en lágrimas. Las nubes negras que nacían un fuego voraz tapaban los rayos de un sol fuerte y potente. La sombra se apoderó de todos y las piernas comenzaron a languidecer. La escena era cuando menos infernal en medio de un ruido de fondo de gritos, llantos, murmullos y sirenas que no podrían entrar en las cabezas de aquellos que, petrificados, observaban algo que jamás imaginaron sus ojos podrían ver.

Ese imborrable momento aun late dentro de miles de familias. Un recuerdo que sigue vivo en medio de tanta muerte que lastima casi dos décadas después. El recuerdo jamás tendrá lugar. El perdón es cosa de Dios.

Últimas noticias