Cuando los uniformados aparecieron y les dijeron a los fulanos que debían bajar la música, que salía de los parlantes de uno de los vehículos, oiko la guyryry. No quedó de otra que hacerle sentir en las nalgas cómo se viaja en la carrocería de una patrullera.
Al llegar a la comisaría, lo que menos se imaginaron es que dos furiosas mujeres, ambas parejas de los detenidos, iban a ir a lalar en colores porque sus “príncipes traguinis” habían sido demorados. Por cierto, a los arrieros les hicieron soplar los “ka’utest” y por poco no se derrite el plástico: ambos superaron los 0,900mg de alcohol en litro de sangre. O sea, doblados.
Por disposición fiscal, los vehículos de ambos sujetos quedaron incautados en la comisaría, mientras que ellos volvieron a recuperar su libertad horas después.
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