Una enorme bola de fuego se apoderó del lugar. Era indomable. A cada segundo ganaba fuerza y parecía que no se iba a apagar nunca. Fue ganando terreno de manera incontrolable y se apoderó de un supermercado y de viviendas que estaban a sus costados. ¡De milagro no se tuvieron víctimas! Sobre todo por la rapidez con la que se descontroló todo y por la hora, ya que esto comenzó poco después de la medianoche mientras muchos trabajadores descansaban después de un jornada de mucho laburo.
En total hicieron falta cerca de 50 bomberos y varios carros hidrantes para poder terminar con el fuego y proceder a lo que se conoce como enfriamiento. Pasadas las 2:00 de la mañana, finalmente, la situación volvió a estar calma.
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