El anecdótico hecho se dio en La Rioja, cuando se enfrentaron Gimnasia y Tiro de Salta con Douglas Haig, de la provincia de Buenos Aires, por la final del Torneo Federal A para lograr el soñado ascenso al Nacional B, segunda categoría del fútbol de ashá. Tras el empate 1-1 en los ‘90 debieron ir a la definición por penales para definir quien subía.
Todo venía bien hasta que Adrián Toloza, del equipo salteño, ejecutó su disparo. Sabiendo de la responsabilidad, el tipo le pegó como si fue la última pelota del mundo para asegurar. Pero pateó tan pero tan fuerte que cuando tocó la red arrancó el soporte del arco y se rompió.
Como ya no se podía usar el arco, el árbitro y sus asistentes, después de unos minutos de “debate”, decidieron que era el momento de usar el otro arco y rezar para que no se vuelva a romper. Fue así que todos los peloteros que debían liquidar la serie tuvieron que peregrinar hacia el otro extremo de la cancha, en este caso, los dos arqueros y el que debía patear el siguiente penal.
Finalmente, el equipo del “demoledor” de arcos ganó la definición y ascendió.
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