El dramático hecho se dio en la tarde del viernes pasado. El avión, que había salido de Portland, en yanquilandia, con destino a Ontario, en Canadá, se vio obligado a volver a tierra solo unos minutos después de haber despegado. Por el enorme agujero que se abrió en uno de los costados, se produjo una despresurización, es decir, el interior de la nave quedó sometido a la gran presión que se debe soportar en las alturas.

Las máscaras de oxígeno “saltaron” y los pasajeros las agarraron al toque para poder respirar. Eso fue clave para que, a pesar de la envergadura de lo que había pasado, ninguna de las 177 personas a bordo sufran secuela alguna. Todos resultaron ilesos.
Una vez que el avión bajó de nuevo a pista, empezaron las investigaciones. De movida, todos los modelos de ese avión fueron obligados a no volar, lo que produjo plagueos de acá para allá. Como parte del trabajo que se debía hacer para determinar las causas del porqué pasó lo que pasó, era clave saber dónde fue a parar la puerta que salió volando.
Pidiendo ayuda a la gente, un ciudadano fue quien llamó a la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB por sus siglas en inglés), avisando que el pedazo de avión que les faltaba cayó en la parte de atrás de su casa.

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