El caso se dio en la ciudad de Naranjal, donde el peque entró al río a refrescarse y, solos unos minutos después, sintió el pinchazo de la picadura. Sabía que algo le había pasado pero, para no alarmar a nadie en la casa, simplemente trató de seguir con su día como si fuera uno más.
Su cuerpo hizo saber que algo había pasado. Comenzó a mostrar síntomas claves que demostraban que no estaba bien. Vómitos, mareos, hinchazón, dificultades para ver… Los papás se preocuparon demás y corrieron a un centro de salud para que lo atiendan. Ahí contó lo que le pasó y la decidieron que lo mejor era llevarlo a un centro de más envergadura, por lo que primero se lo llevó a Santa Rita, luego a Ciudad del Este y de ahí a la Capital.
Por suerte, tantas idas y vueltas terminaron dando una solución a la gravedad del problema porque respondió de manera favorable.
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