El terrible hecho se dio en Francia, donde el hombre de 30 años asesinó a la mujer de 31 con quien compartía su vida. Fue él mismo quien llamó a la Gendarmería (Policía en Francia) asegurando que alguien había entrado a la casa mientras él salió y, al regresar, la encontró a ella sin vida. Había mencionado que fue con fines de robo, atendiendo a que, aseguró, despareció mucho dinero.
Sin embargo, los investigadores no se comieron el cuento. Sabían que había algo raro y comenzaron a investigar. Ahí se dieron cuenta que el hombre entraba en contradicciones y lo detuvieron. Finalmente, lo hicieron confesar.
Admitió haber matado a la mujer y el dinero “robado” en realidad se lo había mandado a una mujer, a quien identificó como Béatrice, una comerciante a quien había conocido por redes. Resulta que esta fulana no existía, y que el envío de dinero terminó cayendo en manos de un estafador se cree era de Costa de Marfil, en África, zona en la cual proliferaron este tipo de casos.
El total de dinero que ya le había enviado, que sería la suma que se “robaron” de la casa cuando la mujer apareció muerta, rondaba los 2.500 dólares.

