Se sentó en la mesa de póker y comenzó apostar, ganó la primera jugada, ganó la segunda y varias partidas más. Hasta que saltó la alarma del lugar. Cuando fue a cobrar su ganancia, le salieron los guardias y le expulsaron del lugar.
No creyeron que el hombre podía tener demasiada suerte, sino que quizá tenía el "don de adivinar las cartas" ndaje.

