El tipo ya había dado algunos golpes junto a un cómplice y las primeras víctimas habían denunciado los robos. Su modus operandi era conducir su silenciosa moto eléctrica detrás de sus objetivos mientras usaban sus teléfonos. Luego, con habilidad, simplemente arrebataba los dispositivos y rajaba. La policía ya estaba tras sus pasos y se inició una persecución.
En su huida, no respetaba nada. Iba por las calles y por las veredas. Exponía a la gente a pie y podía llegar a producir un accidente al meterse por delante de los vehículos. Fue en pleno escape que un policía de tránsito lo vio salir en una calle de detrás de un gran colectivo. Cuando el tipo intentó trepar a la acera en medio de unos postes de protección, el “zorro” alcanzó a atropellar la bicicleta, tirándolo al piso.
A pesar que sufrió una lesión en una de las rodillas, rápidamente se incorporó e intentó huir. Otro policía le cerró el paso y al verse acorralado simplemente se rindió. Ahora enfrenta una serie de cargos por la cantidad de teléfonos robados, todos de alta gama, más la conducción temeraria que hizo con su bicicleta eléctrica. Hablan que en agosto podría ligar 7 años de prisión.

