Ocurrió el fin de semana a la siesta, cuando llegó una moto y uno de los malandros con pistola en mano entró a pedir dinero. Mientras el ladrón apuntaba y exigía la plata a las mujeres del lugar, no se percató que atrás estaba un trabajador que estaba martillando al parecer la carne. Ese trabajador, hoy señalado como el héroe, con martillo en mano se le abalanzó al ladrón y le metió uno por su cuello.
Mientras ambos forcejeaban, el segundo ladrón entró a la tienda para defender a su kapé y entre los tres se trenzaron en un ñembuepoti.
Los ladrones no tuvieron otra que salir corriendo, subieron a su moto y se rajaron sin llevarse nada mas que unos golpes.
"Les pido que compartan, que aprendan a trabajar estas lacras. Uno se levanta temprano,pasa sueño y frío para que quieran venir a llevar el sacrificio de todo el día en un minuto" escribió Fátima Gímenez, hermana del dueño del local.
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