En esa ciudad del departamento de Canindeyú, un hombre de poco más de 34 años, dueño de un cultivo en su predio, fue a increpar a una joven mujer acusándola que los patos de ella se habían metido a su terreno y lo destruyeron.
Palabras van, palabras vienen, la tensión subió de tono por lo que el arriero salió de la casa de la mujer y, según el testimonio recogido por los intervinientes, se dirigió a su domicilio. Luego de unos segundos, nuevamente se encaminó hacia la vivienda de la joven madre. Esta vez, armado. Lo que siguió fue un fuerte estruendo.
El día se llenó de espanto y conmoción para los vecinos que no podían creer lo que acababa de pasar y de un dolor incomprensible para los chicos que en solo cuestión de segundos se quedaron sin su madre.

