“Nosotras éramos un grupo de mujeres que con la plata que ganábamos en nuestro trabajo le dábamos a ella (a quien sindican como victimaria junto con la hermana) para que se encargue de depositar en un banco a su nombre. Esto para que podamos contar con esa ayuda cuando necesitábamos”, dijo la agredida.
Contó que eran un grupo de 30 mujeres y que las cosas se empezaron a descomponer cuando no se les rindió cuenta. “Ella tocó luego esa plata y ahí nosotros le empezamos a reclamar”, he’i. “Yo le pedí porque necesitaba. Le dije que tenía a mi gente enferma y precisaba”, comentó la mujer.
Tanto insistieron que, finalmente, lograron que les responda. “Nos envió una ubicación y nos fuimos entre cuatro. Desde que llegamos que nos agredió y la hermana de esta señora es la que me derramó agua caliente y me dejó así”, manifestó.
A simple vista eran evidentes la cantidad de ampollas y cicatrices que este horrendo ataque le provocó lo que, incluso, no le permite trabajar, según manifestó, debido al dolor y a que tiene que hacerse curaciones a diario para evitar que se le infecte.
Ahora pide justicia y aseguró que “ni a los animales se les hace esto”, por lo que espera una respuesta rápida atendiendo a que es el único sostén de sus tres chiquitos.

