Todo pasó en la ciudad de Ñemby. Allí fue el fulano con ganas de hacerse con la moto ajena, aparentemente, pero no contó con que estaba en primer plano, como en una película, pero en realidad no era una producción de Hollywood sino una de seguridad. El dueño vio lo que estaba pasando y salió a encararlo. Lo logró reducir.
Una vez que la Policía se lo llevó a la comisaría, se dieron cuenta que el fulano estaría involucrado en otros ilícitos. ¿Cómo lo reconocieron? Cierto, no le ven la cara. Pero como siempre usa la misma máscara...

