La pobre señora, ya de cierta edad, entre asustada, confundida y asombrada, salió a la calle y comenzó a pedir ayuda a los vecinos. Estos, al ver la situación, salieron en su auxilio. El arriero que se metió a la casa por la fuerza, cerró con llave y dejó fuera a la propietaria.
Todos miraron con sorpresa, a través de una ventana abierta, cómo el prójimo se puso una bata de la mujer, por lo que ya “soltó” lo que “traía entre manos”, se preparó algo de comer y se sentó de lo más pancho en el sofá de la casa.
Alertados por la situación, llamaron a la poli, que en colaboración con los bomberos, procedió a abrir la casa para arrestar al individuo. Fue trasladado a los calabozos de la Policía Nacional en Granada, España, donde se registró tan curioso hecho.

