Tanto sus piernas como las nalgas y el estómago, a más de la espalda, mostraban cicatrices que a las claras delataban lo que le habían hecho: alguien le había pegado latigazos. La mujer culpó a un fulano con el que estaba teniendo relaciones íntimas.
La joven contó a los transeúntes que el tipo la había sometiendo a tales latigazos de supuesto tinte sexual que, en un descuido, huyó de la casa porque empezó a temer por su vida.
Según contó a la policía la chica, conoció a su agresor en un bar al que ella iba de vez en cuando. De ahí, en una de esas noches, fueron a la casa del fulano. Besos van, toqueteos vienen, ambos se desnudaron.
En un momento determinado, cuenta, el chico se metió en una habitación y salió de allí, desnudo, con un látigo en la mano, escenificando un acto de sadomasoquismo que la mujer dijo no fue consentido. El hombre fue detenido y se enfrenta a una causa judicial grave.

