“Durante la pandemia, cuando nadie podía salir ni tampoco ir a la peluquería, mi papá compró una maquinita baratita y yo fui el primero que se animó a usar y empecé a practicar por mis hermanos. Los cortes no fueron perfectos pero...”, contó Josías entre risas.
En el 2024 terminó el colegio, pero ninguna carrera universitaria le llamó la atención. En cambio, decidió seguir su instinto y se especializó en barbería y peluquería. Sus amigos ndaje fueron sus primeros clientes oficiales y quienes empezaron a recomendarlo. Su mamá fue quien le dio el primer empujón porque le ayudó a comprar sus herramientas.
Así, bajo la sombra de un árbol, con una silla vieja y su caja de herramientas, Josías empezó a construir su futuro. Con el tiempo logró abrir su propio local al que bautizó “JRL Barber Shop”, las iniciales de su nombre.
Hoy, su peluquería es todo un éxito. Hace cortes, “arregla” barbas, cejas y todo con diseños modernos.
“Al principio tenía miedo, pero después fui agarrando confianza. Ahora tengo clientes de todos lados, no solo del barrio”, comenta orgulloso el joven barbero.
Con el dinero que gana ayuda a su mamá y sigue invirtiendo en su negocio. “Mi mayor recompensa es ver a mis clientes contentos. Me gusta hablar con ellos, meterle buena onda, hacer que se sientan cómodos”, he’i.
El mensaje que deja a otros jóvenes es simple, pero poderoso: “No importa cómo empieces, lo importante es tener ganas. Yo empecé bajo un árbol y ahora tengo mi barbería. Si uno se esfuerza todo se puede”, expresó
Con humildad, trabajo y una sonrisa que no se le borra, Josías se ganó el respeto de sus vecinos y amigos.

