A la vera del camino, casi cada metro, están los nichos de aquellos que perdieron la vida en trágicos accidentes. Para la gente del lugar esos no son simples recordatorios, son señales de que algo sigue rondando ahí.
“Cháke profe, nde rapere oĩ póra”, le decían sus alumnos, ella se reía, hasta que le tocó vivirlo. La profe Z.F., de Paraguarí, da clases de noche en Escobar. Sale del colegio a eso de las 21:00 y vuelve solita en su moto, recorriendo unos 15 kilómetros llenos de historias que ponen la piel de gallina, incluso con 40 grados de calor.
“Siempre me decían que por ahí pasan cosas raras, pero yo no creía nada. Hasta que me tocó vivir”, recordó
La profe recuerda el día del “encuentro” como si fuera ayer. “Era un 28 de agosto a eso de las 9 de la noche. El silencio era raro, como si el mundo se hubiese apagado. Aceleré mi moto porque me estaba entrando un miedo que no les puedo explicar”, he’i.
Y ahí empezó el terror
“De repente vi una enorme bola de fuego roja al costado del camino y me seguía. Mis piernas temblaban solas. La brisa del viento no era la misma. Sentí que no avanzaba. Y lo peor ¡se apagaron las luces de mi moto de la nada! La bola de fuego se volvió como una luciérnaga gigante que venía atrás mío”, contó, aguantando el aire.
Ella asegura que no fue imaginación, ni sueño, ni cansancio... La luz desapareció y la moto volvió a iluminar “de milagro cuando ya estaba llegando a su casa. Justo al entrar a la zona iluminada, la cosa esa desapareció. Y como si nada, las luces de su moto volvieron a prenderse solitas”, contó
Desde ese día, cada noche cuando pasa por el lugar ndaje murmura un tímido “buenas noches”, por las dudas.
Pero esa no fue la única vez. “Otra noche, cuando volvía cansadísima de pelear con adolescentes, vi algo que me heló la sangre. Era algo blanco, alto, que cruzó la ruta frente a mí y de repente así nomás desapareció”, he’i.
Al día siguiente contó lo que vio a sus alumnos y estos como si nada le dijeron: “Ah profe, esa es la mujer de blanco, siempre se le ve ahí. A veces se sube al vehículo al lado del chofer o aparece como acompañante en la moto”. Y ahí sí, la profe dijo que sintió frío hasta en el alma.

