Y esta vez la historia nos lleva hasta Madagascar, esa isla africana que muchos solo conocen por la película animada. Ahí está viviendo desde hace mes y medio Daniel Leiva, un joven de 28 años, oriundo de Alto Paraná.
Su camino no fue color de rosas para llegar a ese destino en el mundo. Dani cuenta que en un momento se desvió de su camino y terminó en las drogas, algo que lo llevó a tener pensamientos pesados y a tocar fondo. Pero tampoco se quedó cruzado de brazos, peleó con uñas y dientes para salir de ese pozo.
Buscó ayuda y llegó a un centro llamado Fazenda, donde pasó un año entero luchando, sanando y volviendo a encontrarse con él mismo. Ahí fue donde su vida dio un giro. “Cuando logré salir adelante decidí retribuir todo lo que recibí, y me ofrecí como voluntario para ayudar a otros a dejar las adicciones”, contó el misionero paraguayo.
Lo enviaron ndaje primero al Brasil, donde hizo un curso de 5 meses para prepararse para una misión. Y de ahí directo a África. “Yo ni sabía que existía ese país”, comentó entre risas al hablar de Madagascar.
Dani no viajó para buscar a “Gloria” ni para hacerse selfies con los animales exóticos. Fue a poner el hombro y demostrar que siempre hay una salida.
“Hoy ya llevo un año y ocho meses limpio”, contó orgulloso de sí mismo y agradecido por la oportunidad de empezar de nuevo.
Su mensaje es cortito, pero golpea directo al corazón, “Se puede superar la adicción. Un día a la vez. Con mucha fe en Dios.”, finalizó.
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