Hoy, con 31 años y dos hijos que son su mayor orgullo, el artesano que le da vida la madera, sigue honrando el legado familiar. “Dios me dio un trabajo hermoso, y habilidad en las manos y de esto vivo”, dice con una sonrisa humilde mientras acaricia algún pedazo de tajy o cedro que pronto se convertirá en arte.
“Mi primer tallado lo hice a los 14 años y fue una imagen de Santa Lucía, que todavía conservo como un tesoro”, contó.
Desde ahí no paró más. Aprendió, se perfeccionó, y hoy sus manos saben crear lo que la gente más le pide, flores de Mburucujá, chivato, jazmín, pétalos que no se marchitan porque nacen del árbol y del corazón.
Alexis cuenta que cada obra tiene su proceso, que va desde elegir la madera justa, trabajarla con paciencia, dejarla secar en el horno y recién después pintar cada detalle.
Todo hecho a pulso, sin apuro, como si en cada figura se quedara un pedacito de su alma.
“Lo que más me piden son imágenes de Santos y seres mitológico, ahora estoy tallando la imagen del pombero y teju jagu’a, este último tiene unos seis metros de largo y un metro de alto”, he’i
Contó que gracias a las redes sociales, su talento empezó a volar lejos, y cada día tiene más pedidos, más gente admirando lo que hace, más oportunidades.

