El asadito se convirtió en su sustento: Se "reinventó" y hoy ¡da trabajo a 27 personas!

En plena pandemia, cuando todo era incertidumbre y la plata escaseaba, una joven pareja decidió no rendirse. Con sacrificio, constancia y un sueño enorme, empezaron vendiendo empanaditas de mil’i nomás, sin imaginar que la vida les estaba preparando una bendición gigante.

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| Por Ariamne Roa

René y su esposa Lumidia comenzaron de abajo, bien de abajo, con mucho ñe’ẽ y fe. Hoy, años después, miran atrás y no pueden creer todo lo que lograron: son propietarios de una cadena de asaditería y dan trabajo fijo a 27 personas. ¡Veintisiete familias que hoy tienen un ingreso gracias a su esfuerzo!

La cosa no quedó ahí. Ahora tienen varios locales donde venden asaditos para llevar y también por mayor, para dar una mano a otros emprendedores que, como ellos, quieren salir adelante.

Y como el asado hoy día está para mirar nomás de lejos, tipo trofeo por lo caro que está, a René se le prendió el foco: creó un combo de 32 palitos surtidos por solo 100 mil’i. Incluye asadito de carne, chinchulín, corazoncito, alita de pollo y chancho. Según él, “no tiene nada que envidiarle a la costilla ancha umi”, porque usa una carne entre costilla que es un espectáculo.

La idea nació nomás hace una semana, y la aceptación fue una locura. Están vendiendo 5.000 palitos por día. El que lleva una vez, ya vuelve y reserva otra vez. La gente comenta que “es un salvatore”, porque está listo en 10 minutos, rinde, hay variedad y se disfruta en familia con una mandioquita o pan nomás.

“No fue fácil, pasamos por muchas cosas antes de llegar hasta acá”, cuenta René. Y con ese mismo sentimiento, pensaron en la gente que quiere su cena de Navidad sin gastar fortunas. Por eso lanzaron el combo, sin imaginar que iba a convertirse en un boom total. Ya tienen pedidos por todo Central e incluso desde Villa Hayes. También cuentan con delivery, pero por ahora solo en Central.

Una historia que demuestra que cuando hay garra, humildad y corazón, el éxito llega… y llega fuerte. Y que un asadito entre amigos, con sabor a lucha y esperanza, vale más que cualquier costilla ancha.

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