En Galatone, una pequeña ciudad en el “taco” de Italia, se colocó el pesebre en la plaza principal, frente a la Iglesia. El intendente del pueblo, que iba a pie a su despacho, se detuvo un momento y mironeó porque además de José había alguien más con María. Sabía que no lo habían armado de esa manera al pesebre por lo que se acercó. Ahí se dio cuenta que lejos de ser una figura, el “intruso” era de carne y hueso. Llamó a la poli y, al revisar sus documentos, pillaron que era un ghanés de 38 años buscado desde hacía meses.
Fue muy fácil de encontrar: se escondía en un pesebre
Al tipo lo buscaban hacía rato por delitos menores. Tenía “cuentitas pendientes” por cumplir. En su afán de no ser visto metió la pata grande cuando entró a un pesebre gigante. Sin embargo, con esa decisión, se convirtió en un blanco fácil para la policía que llegó y se lo llevó.

