Un disgusto puede ser lo último cuando el corazón dice basta

En los últimos días dos casos muy fuertes llamaron la atención y dejaron a mucha gente pensando. Por un lado, el de un hombre que falleció de un infarto luego de una discusión muy tensa con agentes de la PMT. Por otro, el de una mujer que llegó desde España para darle el último adiós a su madre y que, en medio de esa carga emocional tan grande también terminó muriendo de un infarto. Situaciones distintas, pero con algo en común: emociones intensas que el corazón no aguantó y se apagó.

| Por Rossana Arrúa

La doctora Graciela González, del Programa de Cardiología del Ministerio de Salud, explicó que el nerviosismo excesivo, el estrés y las emociones muy fuertes “sobrecarga de adrenalina” pueden ser el detonante de un infarto.

Señaló que “muchas muertes por infarto agudo del miocardio se presentan como muerte súbita y que en algunos casos el dolor fuerte en el pecho puede ser el primer y último síntoma que siente la persona”.

La especialista advirtió además que existen factores de riesgo muy comunes, especialmente la presión alta, que muchas veces no presenta síntomas y por eso no recibe el tratamiento adecuado.

“Mucha gente convive con hipertensión sin saberlo, hasta que ocurre una tragedia. El cuerpo, sin embargo, suele dar señales antes, como dolor en el pecho, cansancio inusual, dolor en el brazo izquierdo o falta de aire, pero muchas veces esas alertas se minimizan”, indicó.

En Paraguay, el problema es aún mayor dijo la profesional, “porque la mayoría de la población tiene sobrepeso u obesidad y una gran cantidad de adultos sufre de hipertensión. A eso se suman el consumo en exceso de alcohol, el consumo de energizantes, el colesterol alto, el estrés constante y los disgustos diarios que cargan al cuerpo de adrenalina y pueden terminar afectando directamente al corazón”, he’i.

“Después de los 35 años, los infartos son más frecuentes, incluso en personas que hacen deporte sin control médico. En jóvenes, suelen aparecer otras patologías, muchas veces desconocidas”, contó.

La mejor forma de prevenir un infarto sigue siendo ndaje el control médico regular: medir la presión, controlar el colesterol y el azúcar, cuidar el peso, evitar los excesos y aprender a manejar el estrés. Porque el corazón puede aguantar muchas cosas, pero cuando se le exige demasiado, a veces ya no da segundas oportunidades.

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