Aclaró que “yo vengo de una familia de carpinteros, mi padre fue carpintero, pero ahora tengo que vender la máquina porque tuve un ataque de ACV, felizmente y gracias a mis hijos, que se dieron cuenta enseguida, me llevaron al IPS, donde me atendieron demasiado bien, los médicos fueron muy buenos, las doctoras y las licenciadas en enfermería, tuve una atención excepcional”.
Recordó que el pasado 21 de setiembre, con la entrada de la primavera, le pasó todo eso. “La enfermedad a uno le elije”, agregó, para sostener de paso, que la venta lo quiere hacer porque ninguno de sus hijos son carpinteros y no quiere que se fundan, ni que se herrumbren. “Mis hijos se dedican a otra cosa, por eso quiero vender”.
“Toda mi juventud la pasé y la enterré prácticamente en este trabajo, siempre me dediqué a trabajar la madera, para eso hice dos grandes hipotecas, para traer esas máquinas que son de primera, hoy día tengo que vender, tengo varias ofertas, ya llegará la persona indicada”, le bajó.
Don Bernardo contó que su carpintería se encuentra sobre 28 proyectadas, entre Capitán Figari y Rojas Silva.
Al ser consultado, sobre qué se viene después de la venta, respondió con tristeza: “pasa que tengo que mantener a mi familia y la plata no aguanta; entonces la necesidad se torna extrema. Pero la verdad, no sé que voy a hacer después de eso”.

