Construido con esfuerzo desde hace siete años por una familia soñadora, este castillo inspirado en la Orden de los Caballeros Templarios no busca fama ni aplausos. Su misión es proyectar el bien y algo de eso es lo que se reflejará en la noche de este 31 cuando den vida a una acción digna de aplausos, repartirán cena para que el cierre del 2025 sea una caricia al alma.
Ya saben a quienes ayudarán y cómo lo harán. Pero no buscan publicidad. Solo hacer el bien, algo que les da paz. La verdadera grandeza está afuera de las paredes, en las obras de caridad que realiza en silencio esta orden que cuenta con cientos de voluntarios, que ayudan a abuelos, niños con VIH, madres solteras y familias vulnerables, sin fotos, sin cámaras, sin alardes.
Impactante
El castillo, de por sí, luce impresionante. Dentro hay un pequeño museo que guarda historias, armaduras y símbolos que hablan de lucha, fe y esperanza de los Templarios. “El símbolo que más impacta es un gran dragón -el mal- enfrentado por un caballero templario, recordando que para Dios no importa cuán grande sea el problema”, menciona su propietaria Mariela Ferreira.


