Salió de la cárcel sin nada, pero un gesto de humanidad lo cambió todo
Salió de la cárcel con las manos vacías, el bolsillo en blanco, pero con el corazón cargado de esperanza. Un hombre, recién liberado del penal de Itapúa, caminaba sin rumbo por Coronel Bogado soñando con volver a su casa en Pilar, con volver a ver a su familia, con empezar de nuevo.
El hombre deambulaba sin saber qué hacer. Alguien le tendió una mano
No tenía un solo guaraní. No tenía a quién llamar. Solo tenía fe.
Y ahí apareció él: el comisario Felipe Vera. No como jefe, no como autoridad, sino como ser humano. Escuchó su historia, miró su realidad y, sin pensarlo dos veces, metió la mano en su propio bolsillo.
El uniformado le compró el pasaje. Le dio para sus viáticos. Le dio algo más valioso, dignidad.
Algunas veces una segunda oportunidad no se predica, más bien se practica. Porque a veces un gesto salva más que mil discursos.