El ingeniero paraguayo que hoy repara juguetes para adultos

Ricardo Brugada tiene 57 años, es ingeniero en nanotecnología y, aunque suene un poco a ciencia ficción, hoy en Paraguay es más conocido como el director del famoso “Hospital de Juguetes”.

| Por Rossana Arrúa
Hay muñecas que parecen realmente humanas. De hecho, hasta el propio “inge” tuvo una confusión.

Los caminos de la vida hicieron que ese “hospital” vaya creciendo y, con eso, varíen los clientes. Es que dejaron de “atender” solo a chicos para ir agregando a aquellos que ya “maduraron”. Es allí que aparecieron los “juguetes para adultos”, los cuales también repara.

“No se pueden mezclar los juguetes de niños con los de adultos, porque también reparamos juguetes sexuales”, explicó entre risas. “Hoy existen verdaderas maravillas tecnológicas como muñecas de tamaño real, con temperatura corporal, que hablan y se manejan con inteligencia artificial. Entre cuatro y cinco por año nos llegan para reparación”, contó a Crónica.

“Hay de todo: unos vibran, otros giran, algunos soplan, otros succionan. La creatividad es inmensa. Incluso hay dispositivos que se manejan con control remoto. Si ves a alguien retorcerse de la nada, capaz está teniendo un orgasmo y nadie sabe”, bromeó.

“Muchos clientes les toman tanto cariño que hasta les ponen nombre a sus juguetes, acá llegan muchos llamados José Antonio... ya pasó la época de la vela y el pepino”, tiró.

Y como cierre contó una anécdota que al recordar le sigue causando risa: “Una vez llegué a una casa para reparar una muñeca. Estaba sentada en el sofá, me sorprendió, era tan real que pensé que era una mujer desnuda y en realidad era una muñeca sexual”.

Entender toda esta maravilla tecnológica, como él mismo la describe, le es posible gracias a sus conocimientos en nanotecnología. Explica Ricardo que esta rama se basa en crear máquinas microscópicas para desarrollar materiales con configuraciones moleculares únicas. En nuestro país no existe aún una carrera en esta área.

“Tuve la posibilidad de estudiar en Corea cuando mi padre fue embajador. Me recibí hace unos 24 años. No conozco a otro ingeniero en nanotecnología en Paraguay, pero no creo que sea el único”, comentó a Crónica.

El ingeniero ayudó a descubrir una realidad que para muchísimos pasa desapercibida en nuestro país o que, simplemente, parecen de otro lugar. Pero demostró que acá también se puede tener final feliz de la mano de la nanotecnología.

Repara juguete, equipo médico, ere eréa luego

En su profesión se especializó en reparar equipos médicos de alta complejidad: aparatos de terapia intensiva, comunicación satelital y hasta computadoras que programan corazones humanos, como los marcapasos. Pero la falta de repuestos lo obligó a buscar otros rumbos. Y ahí fue cuando la vida le dio un giro bastante creativo.

“Renuncié a mi trabajo en una empresa y con lo que me pagaron empezó todo. La idea nació de mi hija, que en ese entonces tenía tres años. Un día agarré todos sus juguetes y empecé a reparar. Mi nena me dijo: ‘Papá, vos tenés que abrir un hospital de juguetes’”, recordó.

Investigaron y se dieron cuenta que nadie se dedicaba a reparar juguetes. Roberto ofreció sus servicios a grandes jugueterías, que le entregaron montañas de juguetes defectuosos. “Para mí era pan comido”, dijo a nuestro medio.

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