"Mi despensa fue arriba gracias a la competencia"

El auge de los minisuper que se ha instalando en los diferentes barrios de la capital y el interior mismo, significa para muchos despenseros un gran desafío; para algunos no queda otra que el cierre y para otras personas, la gran posibilidad de seguir creciendo. Las despensas de los barrios son los grandes proveedores en la comunidad, de esa gente común que hace sus compras pensando en el alimento familiar de cada día y lógicamente buscando ventajas en el precio y en algunos casos, favoreciéndose con la famosa e interminable “libretita” de cuentas.

| Por Lucas Benitez
A decir de Liz Salinas, la despensa ha crecido bastante, incluso, teniendo enfrente mismo a un minisuper mbarete.

Liz Salinas es propietaria de la despensa Rizal desde hace un par de años, puesta en marcha buscando salir adelante con su familia; el año pasado nomás, se le puso enfrente mismo, un minisuper mbarete y si bien, dijo que estuvo a punto de tirar la tohalla, más bien le ayudó a mejorar su negocio.

“Cuando se instaló enfrente el mini, en principio pensé que no iba a poder contra eso, porque mi despensa no tiene la infraestructura que tiene la competencia, pero gracias a Dios y al apoyo de mi familia, me fue bien y va para arriba; no siempre la competencia es mala, ya que se aprende algo de ella, te ayuda también a aprender cosas y lograr metas que uno se propone en la vida”, dijo Liz con mucha confianza.

“El que desaparece, es porque realmente no es constante; la competencia no tiene que ser precisamente un obstáculo, sino que algo que te motive a grandes cosas”, agregó.

Resaltó que “con mucho sacrificio y disciplina”, lleva adelante el negocio familiar y que el trabajo “es de todos los días, de sol a sol y sobre todo con mucho cariño y respeto a los clientes. Es la despensa típica del barrio, que brinda casi todo”.

Respecto a la famosa libretita, que recurren los clientes para surtirse y luego pagar a fin de mes, con autorización de la dueña, indicó: “Siempre aparece la libretita, pero no es para todos; mamá me enseñó que la forma en que se expresa la persona, es más que suficiente para conocerle”, dijo sonriendo, para apuntar luego que “la despensa es una empresa familiar, gracias a Dios, es el sostén de la familia de todos los días”.

“Era yuyera, pero luego mi sueño se cumplió”

Liz contó que ella comenzó a laburar vendiendo yuyos en el barrio, en un puesto de casillita. Su mamá le surtía también con tortillitas para crecer la venta. “Era la yuyera del barrio, pero un día le dije a mi mamá, mi sueño es abrir una despensa y se logró y gracias a Dios cumplí mi sueño”, dijo, para destacar que bien tempranito, ya rumbea hacia el abasto central o del norte, para surtirse de los mejores productos, pensando en su clientela.

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