Contó a Crónica que cada vez que va a buscar leña en un montecito cercano a su casa, le aparecen cosas raras. Ahí, una y otra vez, le sale un conejo blanco. No corre como un animal normal, camina despacio, como guiándola, hasta llegar siempre al mismo lugar, al pie de un árbol frondoso de tajy que está justo en el medio del monte.
“Debajo del árbol el conejo desaparece, todas las veces que el tiempo está feo y voy a buscar leña me aparece lo mismo”, contó doña Mercedes.
Lo peor no fue eso, “sí o sí traigo la leña de ahí, porque no tengo ni brasero para cocinar a carbón, a leña nomás hago todo. Un día se me hizo un poquito tarde y de hacia atrás sentí algo que me tocó el hombro… ¡me quedé helada! Esa cosa me habló, me dijo que le libere y después sentí que algo pasó cerca de mí como viento, esa vez tiré toda la leña que había juntado y corrí a mi casa”, contó.
“‘Eju che liberá ha egueraha la plata’ me dijo, escuché demasiado bien, pero me entró un escalofrío, ahí está lo que es para vos he’i cheve”, dijo con la voz transmitiendo el miedo que sintió.
“Ni por Cristo yo no voy a sacar esa plata, prefiero ser pobre que meterme con esas cosas del demonio”, aseguró a Crónica.
Incluso dijo que hasta en sus sueños se le aparece de manera repetida.
“Muchas veces ya soñé lo mismo, ‘pea nde mba’erã, eju enohe’, me dice una mujer en mis sueños. Ya le conté al pa’i y me dijo que tengo que rezar mucho y reprender a los malos espíritus para que no me persigan. Yo sé que es un mal espíritu el que quiere que yo agarre su lugar”, expresó la señora.

