Ahí se cruzaron dos mundos: el corazón de una madre y el deber de un hijo. Sonia corrió hacia él, cruzando junto a su hijo porque él no podía moverse, y lo abrazó fuerte, como solo una mamá sabe hacerlo. En ese abrazo se juntaron el orgullo, el amor y los sentimientos encontrados.
Entre palabras simples, pero cargadas de cariño, se dijeron: “Cuídate mucho, mamá” y “Vos también, hijo”. Fue un instante breve, pero eterno, que recordó a todos que detrás de los uniformes y las protestas hay familias, hay amor y hay una lucha por vivir con dignidad.


