En medio del dolor y la angustia, el cura párroco de la Catedral de San Blas, Víctor Britos, compartió un testimonio que conmovió a todos. Más allá de las llamas y las pérdidas materiales, hubo una imagen que quedó grabada en su corazón: La de un niño arrodillado, rezando frente a la iglesia envuelta en fuego.
“Cuando vi la imágen del niño arrodillado me llegó muy profundo, porque se vio la expresión sincera en la inocencia del niño. El fuego se llevó muchas cosas, pero seguro Dios tiene mejores cosas para nosotros”, dijo a Crónica.
El sacerdote reflexionó además sobre el mensaje que deja este duro momento para la comunidad: “Es una llamada de atención para estar más atentos, unidos y fortalecidos por la fe. Esta situación no debe ser para decaer en el espíritu, en las dificultades somos llamados a la perseverancia”, he’i.
También destacó la respuesta solidaria de la gente, que no dudó en acercarse para ayudar, aun en medio del peligro: “Fue impresionante el vuelco de la gente que llegó a ayudar, a rescatar las imágenes, los asientos, fue un momento de expresión de profunda fe”, dijo.
Con serenidad y esperanza, el párroco habló del camino que viene tras la tragedia y del espíritu que caracteriza a la comunidad esteña.
“Ahora lo que queda es tomar con serenidad la restauración del templo. Lo que caracteriza a Ciudad del Este es la participación masiva de la gente a la iglesia, no sé a qué se debe, ese es el fenómeno en el Este, solo Dios sabrá a qué se debe eso”.
Finalmente dejó un mensaje que resume el sentir de todo un pueblo creyente: “Esto en vez de alejarnos de Dios que sea motivo de mayor unidad, de oración, siempre el pueblo de Dios se ha destacado por estar más cercanos en los momentos de crisis”.

