Marcelo, uno de los afectados, relató un caso que todavía le da rabia. “Era un pedido de más de cien mil guaraníes. Fui hasta la dirección y había unas personas sentadas frente a la casa. Entregué la comida y me dijeron que ya estaba pagado por la aplicación”, contó.
Pero la sorpresa vino después. “Cuando volví al local, me dijeron que el pago nunca se hizo. Regresé a reclamar y el dueño de casa me dijo que él no pidió nada”, explicó.
Tras revisar cámaras de seguridad, se descubrió la jugada: “Eran unos tipos que estaban sentados ahí, frente a la casa ajena; agarraron el pedido y se rajaron. Yo me quedé con el clavo”, lamentó.
Otro caso ocurrió en Mariano Roque Alonso, donde una joven brasileña repitió varias veces la misma estrategia. “Bajaba a recibir la comida y decía que se olvidó del dinero. Subía a su departamento y ya no aparecía más, ni contestaba”, denunció Marcelo.
La situación se agrava incluso con el uso de aplicaciones. “Hay clientes que reciben el pedido y después denuncian que no llegó, así el local les da un cupón gratis. Y el problema nos cae a nosotros”, aseguró a Crónica.
Los trabajadores sienten que están en total desprotección. “Decían que nosotros los deliverys no entregamos las encomiendas, pero son los clientes los que se están volviendo sinvergüenzas. Estamos desamparados porque siempre ‘el cliente tiene la razón’, aunque esté mintiendo”, reclamó.
Ante esta ola de engaños, muchos ya tomaron medidas. “Ahora, si no nos pagan en el acto, no entregamos el pedido. Preferimos llevar de nuevo al local y pagar bien y que por lo menos coman nuestros hijos, porque es mucha pérdida para nosotros pagar por gente sinvergüenza”, explicó.
Para el cierre, tiró una frase contundente: “La gente quiere comer bien y usa mañas para no pagar, o no tiene para pagar luego, o es sinvergüenza y tiene pero no paga”.

