Un mitã’i de 16 años, que nació con malformación en los brazos, anhela con todo su corazón llegar a lo más lejos como futbolista, pese al peligro que podría acarrear ese contexto. Se trata de Josué Campuzano, quien es oriundo de Luque y práctica en el club Cenifd de la misma ciudad.
El mismo conversó con Crónica y contó que está practicando fútbol desde “hace 4 años. El problema en mi brazo no me molesta para jugar. Lo tengo de nacimiento. Nací con algo llamado artrogriposis múltiple congénita. Mis profesores y padres me siguen animando a que siga. Yo juego de lateral derecho”.
El joven futbolista luqueño mencionó que su sueño es “ser futbolista profesional y llegar a la Primera de Cerro Porteño. Tengo a mi hermano también practicando conmigo, es mi mellizo. En todo este tiempo ya gané como 4 campeonatos y metí 22 goles en total”.
La mamá, con el “Jesús en la boca”
Nuestro medio también conversó con la mamá del joven futbolista, Adelina Arzamendia, y mencionó que “desde el principio a él siempre le gustó el fútbol. Yo le proponía que practique taekwondo, ya que podía hacer con los pies. También le dije que se meta a natación, pero tampoco quería. Era muy riesgoso, pero al final le metimos al fútbol con los riesgos que implicaba”.
La doña habló con el profesor y le dijo que tiene 2 chicos que quieren “practicar fútbol, pero uno de ellos tiene una discapacidad, pero es el más entusiasmado. Me dijo que si camina y corre que le lleve nomás, pero me aclaró que Josué no va a surgir en el fútbol, puede venir a practicar pero hasta cierto punto nomás, por la condición que tiene”.
La mamá también contó que en estos 4 años que lleva Josué practicando “ya se había fracturado en las manos, encima en la práctica con sus compañeros. Se había caído y justo por sus manos, no tiene pues equilibrio por su cuerpo. Tuvo 6 semanas de reposo y con todo eso le dije que nos dejemos del fútbol pero él igual insiste”.
“Siempre me dice que quiere jugar y le llevo con el ‘Jesús en la boca’. Lo hago más bien porque no quiero tenerle encerrado a mi hijo, quiero que sea uno más de ellos. No quiero excluirle de la sociedad, tengo que aceptarle así como es”.
Sobre si siente dolores o si la operación es una opción, he’i que “a él no le duele su mano ni nada. Intentamos operarle pero me convencieron de que podía complicarle la movilidad de su mano y eso sería irrecuperable. Entonces desistimos de eso”.
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