Después de décadas al volante, llevando historias y pasajeros de un lado a otro, don Jorge Molinas cerró ayer un recorrido muy especial. En el mismo día en que celebró un nuevo año de vida, este laborioso karai de ómnibus se despidió de las rutas para iniciar una etapa distinta: la de su merecida jubilación.
“No fue un viaje más, fue algo que no se puede explicar, porque esto significa años de experiencia en las calles, con los compañeros y los amigos, es tener que dejar algo muy grande, que duele por lo que toca hacer, pero a la vez también sabés que completaste un ciclo y que tenés que dar un paso al costado. No pude ni dormir anoche”, dijo don Molinas, al manifestar sus sentimientos tras el último redondo que le tocó hacer ayer manejando su colectivo de la línea 12.
“Fue más de lo que yo esperaba, porque en la calle, la gente me saludaba cuando nos cruzábamos, fue impresionante. Con los años de experiencia que tengo nunca vi que se haya preparado algo así tan lindo como lo que me pasó a mí, carteles, afiches, globos, fue una fiesta, algo muy llamativo. Me pone tan contento de poder haber llegado al final de este camino”, señaló rechocho.
Sus inicios

Don Jorge Molinas contó que un 12 de octubre de 1994 inició su trabajo como chofer de transporte público, conduciendo en la línea 29, que años después se cerró. Al llegar a la capital, proveniente del interior y sin tener oportunidad para acceder al estudio, aprendió a manejar.
“En aquel tiempo, como soy del interior, había venido de muy joven a la capital, no teníamos oportunidad de estudiar porque éramos pobres y aprendí a manejar; era la profesión más fácil para mí en aquel tiempo. Así empecé y así terminé hoy (ayer), con orgullo porque es algo que realmente me encanta hacer”, le bajó.
Sin frenos
El ahora felizmente jubilado contó una anécdota increíble que le tocó vivir al frente del volante. “Tengo grabado en mi mente un gran susto que tuve en una ocasión, cuando pasando Asunción Súper Centro, sobre General Díaz, llegando a O’Leary, explotó un caño de freno. Fue terrible, pasé Montevideo y Colón con luz roja y gracias a Dios no me pasó nada, ni a mí ni a mis pasajeros. Siempre digo, salgo y vuelvo en nombre de Dios”, recordó.
"A los nuevos choferes, más empatía con la gente"

Dos temas importantes tocó al término de la entrevista. Para quienes empiezan a manejar un transporte público, “que tengan mucha empatía y armonía con la gente, es todo un tema trabajar en la calle hoy en día. Fui instructor en la empresa y siempre les digo eso a los muchachos, a los que están empezando”.
Respecto a su futura actividad, contó: “Sigo pensando, de la empresa quieren que vuelvan a estar con ellos, pero como ya trabajé muchos años, esclavo de los horarios, creo que ya necesito estar libre, para que cuando un amigo me invite a compartir algo ya pueda asistir, antes no podía hacer nada, ni con la familia. Creo que ya merezco eso”, apuntó.

