El pasado 31 de enero, cuando apenas faltaban unas cuadras para llegar a su destino, la vida de Johana -una joven de 34 años y madre de dos niños- cambió para siempre. Iba como pasajera en una motocicleta cuando ocurrió lo impensado.
“Cuando me di cuenta de que el colectivo nos cerró el paso, ya era obvio lo que iba a pasar. Cerré mis ojos y dije: ‘Señor, que se haga tu voluntad’”, relató a Crónica.
Lo que sucedió después, ella lo define como un verdadero milagro.
“Al caer bajo el colectivo, sentí que alguien me estiró y me sacó. Estoy segura de que fue la mano de Dios, no hay otra explicación. Fue Él quien me salvó ese día, quien me sacó de debajo de las ruedas”, aseguró, con una fe que conmueve.
La impactante imagen del accidente, que rápidamente se viralizó, dejó a todos helados: Johana había perdido por completo el cuero cabelludo.
“Recuerdo que me senté y sentía un ardor intenso. Miré a mi alrededor y no veía a nadie, tampoco escuchaba nada. En ese momento pensé: ‘yo estoy muerta’. Pero minutos después la gente comenzó a acercarse… y ahí le di gracias a Dios por darme otra oportunidad de vivir”, expresó.
La espera de la ambulancia se hizo eterna. Aun así, luchó con todas sus fuerzas para no rendirse.
“Ya me sentía muy débil, tenía sueño… pero no quería llegar a casa en un ataúd. Saqué fuerzas de no sé dónde para no cerrar los ojos. Tenía miedo de no volver a abrirlos. Lo único que quería era ver a mis hijos”, contó.
Durante el traslado al hospital, su fe fue su sostén. “Solo pedía no perder la conciencia. Cuando llegamos, mi familia ya estaba ahí. Supliqué ver a mis hijos, tenía miedo de no volver a verlos. Me dejaron hacerlo… y eso me dio más fuerza para seguir luchando”.
Su recuperación no fue fácil. Pasó dos meses internada y enfrentó varias cirugías. Pero nunca dejó de creer.
“El poder de la oración me sostuvo. Leía los salmos todos los días, cantaba alabanzas… lo único que puedo decir es que Dios existe y escucha cuando lo llamamos con fe”, concluyó.
SU VIDA CAMBIÓ: EL CABELLO YA NO LE CRECERÁ

Johana sufrió además de la pérdida del cuero cabelludo la amputación del dedo pulgar en la mano derecha. El brazo izquierdo no lo puede extender y cuenta con injertos en ambas piernas, por lo que de ser una mujer independiente, hoy pasó a depender de otras personas hasta para movilizarse contó.
“Lo peor de todo es que no podré recuperar el cuero cabelludo, lo que para mi es muy doloroso, me dijeron que no volverá a crecer y eso me afecta mucho psicológicamente”, expresó.

