“Gracias a mis manos pude sacar adelante a mi familia”

Desde los 16 años empezó a hilar su destino con su trabajo. Una mujer guerrera, de esas que no saben rendirse ni conocen el significado del cansancio.

Mujer guerrera trabaja desde los 16 años

Por Ariane Roa

“Con esfuerzo, sacrificio y muchas noches sin dormir”, Angelina Villalba, de Itauguá, logró sacar adelante a su familia. En su interior sintió el valor de lo logrado y por eso lo extendió a otras personas: hoy se convirtió en el sostén de decenas de mujeres que, como ella, pelean cada día por llevar el pan a sus hogares.

Mamá de seis hijos, aunque uno de ellos hoy la cuida desde el cielo, Angelina encontró en el ñandutí no solo un trabajo, sino una forma de vivir y progresar.

“Hace 30 años, la abuela de mi pareja me enseñó a tejer, cuando dejé mi ciudad natal, Caaguazú, y vine a Itauguá detrás del amor”, contó entre risas a Crónica.

Pero detrás de esa sonrisa hay una historia cargada de sacrificio.

“Yo no tengo horario, no sé lo que es el cansancio, solo sé trabajar. Tengo seis hijos, uno de ellos es un angelito. Gracias al sacrificio diario pude sacar adelante a mi familia. Cuando no hay pedidos de artesanía, hago asadito, crío animales, el trabajo que se presenta hago. Todo lo que tenemos es gracias a mis manos, así pude sacar adelante a mi familia. Mi marido coloca alambres, pero casi no hay trabajo en eso”, dijo a Crónica.

Angelina no solo lucha por los suyos. También da trabajo a casi 20 mujeres, muchas de ellas madres que sostienen solas a sus familias.

“Agarro los pedidos y nos distribuimos entre todas, así nos ayudamos. Nosotras, las mujeres, conocemos el verdadero sacrificio. Cuidamos de nuestros hijos, de la casa y, en muchos casos, también somos el sostén del hogar. Entre nosotras hay una abuela de 78 años que sigue tejiendo”, expresó con orgullo a este medio.

“EL TRABAJO ARTESANAL NO ES VALORADO”

“Lastimosamente no se valora el trabajo de los artesanos. Nos pagan poco y quienes se lucran son los que vuelven a vender nuestras artesanías. Ahí dejamos nuestras noches sin dormir y hasta nos dejamos de lado a nosotras mismas para cumplir con algún pedido, con tal de ganar algo y que a los nuestros no les falte ni una galleta. Nosotras, las mujeres luchadoras, sabemos que hasta tenemos prohibido enfermarnos”, he’i.

Cada pieza lleva horas de dedicación, paciencia y amor.

“Hacemos de todo en ñandutí, desde un mantel hasta vestidos de novia. Tiene muchísimo trabajo y nos esmeramos para que todo salga perfecto”, comentó.

Aunque soñó con dejar este legado en manos de sus hijos, el destino fue otro.

“Mis hijos ya son grandes, hasta ya soy abuela, pero ninguno mostró interés por la artesanía. Mucho intenté para que sigan con este legado, pero ninguno quiere trabajar en lo que les dio de comer. Vieron lo sacrificado que es este trabajo y prefirieron dedicarse a otra cosa”, he’i.

Trabajos manuales. Desde manteles hasta vestidos de novia son hechos por las artesanas de Itauguá.

Últimas noticias