POR BERNARDO MARTÍNEZ GAONA
La fuerza de una madre nunca deja de sorprender y la de Carolina Pereira es de esas que te marcan para siempre. Allá, por los meses de abril y mayo del año 2016 nuestro medio
había publicado y seguido el caso de su hija Luana Magaby Florentín Pereira que había tenido una dura batalla contra el cáncer que no le daba tregua.
Carolina, en ese entonces, había llevado a su hija a Buenos Aires para seguir el tratamiento. Luana estaba muy grave y los médicos del hospital Garrahan les daban apenas 50% de chances de vida. Tenía que hacerse un trasplante haploidéntico experimental. Y ella, entre lágrimas, pedía que “recen por la salud de mi hija”.
Tras la primera operación, Luana había respondido bien contra todo pronóstico, las plaquetas y hemoglobina estaban bien. Era la primera vez que se había hecho este tipo de operaciones en el Garraham.
“Esta batalla no la vamos a perder”, decía la mamá, pero la vida es cruel y lastimosamente en la 3a cirugía, el 24 de mayo, las defensas de Luana no aguantaron y terminó complicándose en los pulmones y partió.
La trajeron de vuelta a su pueblo, Mbuyapey, colonia María Antonia, y dejó un vacío enorme en el corazón de todos sus familiares.
Carolina solo pidió que la gente no perdiera la fe y que recordara con cariño a su princesita. Pasaron los años y ella abrió el corazón y contó a Crónica cómo sigue adelante. “Desde hace muchos años vengo compitiendo en maratones y carreras de fondo”, dice con una sonrisa que esconde mucho. “Empecé todo en Argentina, el mismo país donde luché por salvar a Luana, y no he parado. La última competencia la hice hace apenas unas semanas en Barcelona”.
Para ella, correr no es solo un deporte. “Uso el deporte como terapia para sobrellevar la muerte de mi pequeña”, explica acongojada la valiente doña.
“Cada vez que siento que las piernas me pesan, que el cansancio me quiere tirar al piso y que ya no me queda aire, cierro los ojos un segundo y recuerdo todo lo que peleó mi hija contra el cáncer”, finalizó.

Luana “luchó como guerrera”
La joven Carolina recordó a su hija de una manera especial: “Su carita, su valentía, las ganas de vivir que tenía a pesar de todo. Y en ese momento, algo dentro de mí se enciende de nuevo. Porque Luana, tan chiquita, luchó como una guerrera, ¿cómo no voy a poder seguir poniendo un pie delante del otro?”, exclamó.
Hoy, Carolina no corre solo por ella. “Corro por las dos”, afirma con una voz temblorosa. Corre con el nombre de su angelito latiéndole en el pecho, convirtiendo el dolor más grande de su vida en pasos, en sudor y en una fuerza que no se rinde.
Este 20 de mayo se cumplen 10 años de la muerte de Luana, una década que no borra el dolor, pero que tampoco apagó la luz de Carolina, que corre kilómetros en honor a su princesita.


