El sacrificio invisible de las madres trabajadoras

La profesional contó cómo hace para dividirse entre su trabajo y el cuidado de sus hijos.

Ser mamá ya es un desafío enorme, pero cuando también hay que salir a trabajar y dividir el corazón entre la casa y el trabajo, la lucha se vuelve todavía más dura.

Natalia Fariña, enfermera de profesión y madre de dos niños, vive cada día entre largas guardias en el hospital y el inmenso amor por sus hijos. Su historia refleja la realidad de miles de madres luchadoras que muchas veces dejan el cansancio de lado, se secan las lágrimas cuando la angustia dice presente y siguen adelante solo para que a sus pequeños no les falte nada, mucho menos el abrazo, el amor y el calor de mamá.

“Ser madres y desempeñar otros roles en nuestro día a día como profesionales, hijas, esposas, es una muestra de fortaleza y dedicación, no hay nada imposible para nosotras”, cuenta con orgullo. Natalia recordó que se recibió en el año 1999 y que su primera hija llegó recién en el 2013. Hoy trabaja en tres lugares distintos, con jornadas agotadoras y guardias que muchas veces le consumen casi todo el tiempo. “Hoy día tengo 3 trabajos que prácticamente ocupan todo mi tiempo, pero en medio de todo siempre trato de estar presente en los momentos especiales o actividades de mis hijos”, contó.

Y aunque el cansancio golpea fuerte, ella busca la manera de no perderse los pequeños momentos que para una madre significan todo. “Eso implica cambiar guardias y otras veces pagar, muy pocas veces estoy libre. Los días o a veces horas que estoy con ellos trato de compartir y saber de sus actividades, qué hicieron en el día, la escuela, qué les falta.

Aprovecho al máximo el tiempo con ellos, no importa que no haya dormido por dos días, siempre trato de compartir todo con ellos”, he’i. Natalia también reveló la parte más sacrificada de su profesión. “Hay veces que tengo 48 horas de guardia o más, soy instrumentalista y estoy más tiempo en los quirófanos que en mi casa”, expresó.

PUDO SER MAMÁ LUEGO DE VARIOS TRATAMIENTOS

Detrás de esa mujer fuerte también hubo dolor, paciencia y mucha fe. Contó que convertirse en mamá no fue sencillo y que tuvo que atravesar largos tratamientos antes de cumplir su sueño. “En el 2019 llegó mi segundo hijo. Los embarazos no fueron sencillos, tuve que ser paciente, fueron largos tratamientos que casi llegué a desistir de buscar, pero los tiempos de Dios fueron perfectos, mi mayor sueño siempre fue ser mamá”, contó. Y como toda madre trabajadora, muchas veces debe salir de casa con el corazón apretado por dejar a sus hijos.

“El más chico muchas veces llora porque no quiere que me vaya, me suele reclamar que quiere que me quede más en la casa. Me siento muy mal así, pero todo es por ellos y para ellos, para que nada les falte. Hay cosas que solo mamá sabe, qué necesitan o les falta”, dijo emocionada. A pesar de todo el cansancio, Natalia tiene claro cuál es la fuerza que la mantiene de pie todos los días. “Mis hijos son lo mejor que me pasó en la vida, sin ellos no tendría las ganas suficientes de ir para adelante, son mi motor y los que me impulsan día a día”, he’i.

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