POR ARIAMNE ROA
Dejar su casa en Concepción a los 14 años para ayudar a su familia no fue una decisión fácil, pero sí el inicio de una historia marcada por la lucha, la disciplina y los sueños. Así comenzó el camino de Pablo Bogado, un paraguayo que convirtió el sacrificio en motor y que hoy triunfa en Madrid sin olvidar jamás sus raíces.
Detrás de los premios, del éxito y de una peluquería llena de clientes, sigue estando el mismo joven que extraña el guaraní, la chipa, los abrazos de su gente y, sobre todo, las enseñanzas de su abuelo carpintero de 90 años y de su madre, pilares fundamentales de su vida.
Desde niño
Su amor por la peluquería nació desde niño, creciendo entre tijeras y clientas mientras observaba trabajar a su madre. “Realmente me encantaba ese trato con las personas y se me daba muy bien. Aproveché lo que sabía para contribuir a la economía y ya son más de dos décadas de experiencia”, contó a Crónica. Con apenas 19 años ya había abierto su primera peluquería en Asunción.
Después de ser un reconocido peluquero en Paraguay y atender a personas famosas de nuestro país, decidió empezar nuevamente desde cero en Europa.
Primero pasó por Londres, aunque el idioma y las dificultades hicieron que finalmente eligiera a Madrid como su nuevo hogar. “Atendí a gente muy conocida en Asunción. Ya tenía un nombre y 10 años de trayectoria. Tuve que renunciar a todo aquello y empezar de cero. Y no era lo que yo esperaba; la barrera del idioma es muy grande”, he’i.
La llegada a España tampoco fue sencilla. “Me costó muchísimo arrancar”, expresó. En plena pandemia apareció la oportunidad de abrir su local en el barrio de Chueca, donde hoy funciona su reconocido salón Pablo Bogado - Hair Studio en Madrid.“Como inmigrante, uno siempre tiene que demostrar y luchar para ganarse su sitio. Pero esta es mi pasión y le pusimos todo el cariño. Madrid es una ciudad que te brinda muchas oportunidades y, para el que sabe aprovecharlas, conseguís salir adelante”, afirma.
“TENEMOS ALMA DE PSICÓLOGOS”
Pablo asegura que la verdadera esencia de su trabajo está en las personas. “Los peluqueros tenemos alma de psicólogos. Nuestra responsabilidad no termina en el espejo; también hay que saber escuchar”, dijo.
“La peluquería para mí nunca fue solo un trabajo, fue una forma de expresión, de conectar con las personas y de ayudarles a sentirse mejor. Con el tiempo fui creciendo, formándome, viajando, aprendiendo, pero nunca olvido de dónde vengo. Porque si algo tengo claro es que debemos devolver a la vida todo lo bueno que la vida nos da siempre”, he’i.
Justamente por eso, cada vez que puede, busca ayudar a la gente de su ciudad natal. “En Semana Santa colaboré con la Fundación Retina de Paraguay para llevar hasta Concepción al equipo de oftalmólogos y dar más de 200 lentes a las personas más desfavorecidas de la ciudad”, contó emocionado.

