Su sueño de joven siempre fue ensuciarse las manos y trabajar en un taller mecánico. Lo hizo casi toda su vida, pero tuvo un revés familiar que hoy en día le está obstaculizando trabajar en lo que ama.
Margarita Mendoza Balmaceda es una mujer de 32 años, “Yo amo el taller; en la parte de mecánica general hago todo, motor, caja de cambios, diferencial, freno, reparación de palanca de cambio, tren delantero”.
chadora, que supo salir adelante pese a varios obstáculos que se le presentó en la vida. La misma desde muy pequeña fue amante de las tareas pesadas y complejas de la mecánica, no se ruborizó en agarrar las tuercas y las llaves metiéndose dentro de los camiones pesados para repararlos.
La misma conversó con Crónica y sostuvo que “mi papá falleció cuando tenía 14 años y desde ahí empecé trabajando en el taller con un amigo que se llama Daniel.La mujer no escatimó en adquirir más conocimientos y prácticamente se metió en todas las áreas y hoy en día es mecánica especializada en camiones pesados.
“También hago parte de tornería, adaptaciones, rectificación de tambor, disco, además de realizar trabajos de soldadura, inyección electrónica, entre otros”, contó.

Margarita explicó que todos esos conocimientos los adquirió en el SNPP. “Estudié de todo, me recibí en la parte mecánica, autotrónica, inyección electrónica, electricidad. En síntesis, estudié todo, tengo 7 certificados en la parte del taller más otros 29 certificados en cada área que seguí”, he’i.
La mujer comentó que al principio no era todo color de rosas. “A mi familia no le gustaba tanto la idea, éramos 11 hermanos, 7 mujeres y 4 hombres, yo fui la única que me metí en esto. Eso fue lo que les sorprendió. A través de los años y mi trabajo se dieron cuenta que realmente me gustaba. Rechacé una beca para estudiar 6 años medicina, para meterme en el taller. La mecánica es mi vida”, confesó.
La mujer expresó que fue su mamá la que nunca le soltó la mano. “Ella me acompañaba a mis cursos en el SNPP Central. Soy de Reducto, San Lorenzo, y de ahí me iba con el 55, me bajaba en San Martín y caminaba 40 minutos ida, y otros 40 minutos de vuelta para ahorrar gastos”.
Por último, comentó que cada año era valioso para ella. “De día trabajaba en el taller y de noche me iba al curso a capacitarme en más áreas. En el SNPP es el mejor lugar que podés aprender de mecánica, es 95% práctico y 5% teórico. Salís siendo un excelente profesional. También trabajé 6 años y 4 meses para Magno, línea 12”.

El baile como una terapia de recuperación
Tuvo un duro revés en la vida que le obligó a dejar lo que tanto ama. “Me separé del papá de mis hijos, tuve que dejar la mecánica para cuidar de mis 3 hijos. El menor de 5 años es autista y la mayor está entrando en la adolescencia y necesitaba estar detrás de ella para que no se descarrile. Por ende era mamá y papá a la vez y necesitaban mi atención completa. Entonces ahora trabajo desde mi casa como comerciante”, contó.
La misma explicó que “me invitaron a participar de clases de baile, en donde moral y físicamente me ayudaron bastante. Lo tomé como una terapia de recuperación. A mí me encanta bailar y eso me ayudó muchísimo. Hace un año me separé y hace 5 meses me metí de lleno al baile. Me voy por las noches a la academia de la profe Marta Villasboa”.
Por último dijo que “sé que en algún momento de mi vida volveré a trabajar en lo que más amo que es en el taller, no pierdo las esperanzas, si Dios permite se dará de vuelta”.


