En los hospitales del interior del país, donde las distancias son largas y la vida transcurre a otro ritmo, la gratitud de los pacientes suele expresarse de una manera muy especial.
El traumatólogo Raúl Ramírez, quien atiende en el Hospital Distrital de María Auxiliadora así como el Hospital Distrital de Santa Rita, relató a Crónica algunas de las experiencias que vive diariamente con sus pacientes. “En el campo la gente es muy regaladora y cuando uno es amable con ellas son el doble de regaladoras y está prohibido que uno rechace los regalos porque para ellos es una ofensa demasiado grande”, contó.
Según explicó, estos gestos son parte de una costumbre muy arraigada entre las familias rurales, que buscan demostrar su agradecimiento con aquello que producen con esfuerzo. “Es una costumbre del campo, para ellos es una forma de decir gracias y todo con sacrificio, la mandioca ya te traen pelada, la gallina faenada, incluso la mandarina cortando las ramas no la arrancan porque dicen que si arrancan se descompone más rápido”, dijo.
El médico aseguró que muchas veces recibe regalos de personas muy humildes. “La gratitud de los pacientes del campo es muy grande, el paraguayo en sí es muy agradecido; hay veces que uno ve al paciente por demás humilde y te hace sentir mal agarrar esa gallina que te traen, pero ya aprendí que si les digo ‘para qué pico me traés o dejá nomás’ no lo toman a bien”, relató.

Ramírez también destacó que en Santa Rita realiza una importante labor social, atendiendo sin percibir salario. “La gente reconoce el sacrificio, en el Hospital de Santa Rita no tengo rubro, atiendo gratis, y la gente me dice ‘agueru ndeve porque nde ni nande sueldoi ko’ápe’. Hay que resaltar lo agradecidos que son los pacientes”, expresó.
Entre tantos obsequios recibidos a lo largo de su carrera, hubo uno que lo sorprendió. “El regalo más llamativo que recibí fue el yacaré ro’o”, dijo. Y así como hay uno que lo sorprendió, hay otros que ya son “tradición”, ndaje. “El clásico regalo después de una cirugía es que te regalen un lechoncito listo para el asado. Los pacientes reconocen el sacrificio y por tradición compartimos en el hospital para fomentar la camaradería”, comentó.
EL IDIOMA NDAJE ES BARRERA
Más allá de los regalos, destacó el gran valor humano de la gente del campo y cómo el idioma puede marcar una diferencia. “La gente del campo es sumamente expresiva, solo que tiene ciertas limitaciones con el español. Antes decía que era muy difícil hacer medicina en el campo porque la gente no sabe expresar sus dolencias, pero cuando empecé a hablar con ellos en guaraní me di cuenta que eran personas muy ocultas pero guaraní parlantes”, dijo.
Esa experiencia le permitió descubrir que el problema no era la falta de comunicación, sino la barrera del idioma. “Cuando empezamos a hablar en guaraní me contaron detalladamente cómo empezó el dolor, cómo se manifestaba el dolor, me di cuenta que la limitación era para ellos el español y no el no saber expresarse”, explicó.

