La historia de Tagüide Picanerai es de esas que emocionan y demuestran que los sueños pueden hacerse realidad, incluso cuando la vida parece poner todo en contra. Hoy, a sus 37 años, se convirtió en el primer abogado del pueblo Ayoreo Totobiegosode, un logro que llena de orgullo a su familia y a toda su comunidad.
Criado en Campo Loro, en el departamento de Boquerón, Chaco paraguayo, Tagüide recuerda una infancia marcada por las necesidades y las carencias.
Con mucha sinceridad, contó a Crónica los difíciles momentos que le tocó vivir de niño. “Había veces que comer dos galletas era un verdadero lujo, si es que había. Si no había nada para comer, no pasaba nada, ya estábamos acostumbrados. Muchas veces pasábamos el día sin comer nada”, relató.
Las dificultades no terminaban ahí. Para asistir a clases debía caminar largas distancias descalzo, soportando el frío y las inclemencias del tiempo. “Muchas veces no quería ir a la escuela porque lo único que quería era estar cerca del fogón bien calentito, junto con mis abuelos. Tengo una foto que llevo siempre conmigo”, he’i.

Siempre avanzó, sin parar
A pesar de los obstáculos, que incluían hasta andar descalzo casi de manera permanente, nunca dejó de luchar por progresar.
“Me costó muchísimo llegar a convertirme en abogado. De hecho, terminar el colegio me costó por las limitaciones que tenemos los pueblos originarios. Muchas veces dejaba y luego volvía a empezar”, recordó. La oportunidad que cambiaría su destino llegó cuando una persona comprometida con la defensa de los derechos indígenas le habló sobre una beca para estudiar Derecho en la Universidad Católica.
Sin pensarlo dos veces, aceptó el desafío. “Le dije: ¿Dónde debo firmar? Pienso que las oportunidades no se dan dos veces”, expresó. Mudarse a Asunción fue otro reto. “Mi adaptación en Asunción no fue fácil tampoco. No tenía amigos ni conocidos, pero de a poco me fui adaptando hasta convertirme en abogado”, recordó. Hoy, con el título en sus manos, tiene claro cuál será su misión: defender a los pueblos originarios y ayudar a que conozcan y hagan valer sus derechos.
“Muchas veces no accedemos a nuestros derechos porque desconocemos las leyes y el funcionamiento de las instituciones no indígenas”, explicó.
Tagüide es el mayor de tres hermanos. Su padre es artesano y líder de la comunidad y ahora espera servir de ejemplo para que otros jóvenes indígenas sigan el camino de la educación.

“Ahora voy a convencer a mis hermanos para que también estudien”, afirmó con una sonrisa y la esperanza de que más integrantes de su pueblo puedan cumplir sus sueños.
Tagüide terminó la carrera de derecho en la Universidad Nuestra Señora de la Asunción en noviembre del 2025. Recién esta semana juró ante la Corte Suprema y ya tiene su matrícula de abogado.

