Sembradora de esperanzas convierte cabello en sonrisa

| Por Ariamne Roa
Hace 24 años confecciona pelucas y devuelve la autoestima a personas que perdieron el cabello.

De empleada doméstica a sembradora de esperanza: Ina Delgado, la peluquera que transforma mechones de cabello en sonrisas para pacientes con cáncer. Creció en medio de carencias, conoció el sacrificio desde muy pequeña y aprendió que la solidaridad puede cambiar destinos. Hoy, a sus 58 años, devuelve al mundo todo lo que alguna vez recibió.

Con la voz cargada de emoción, explica qué la impulsa a seguir adelante después de más de dos décadas de servicio. “Es una forma de dar gracias a la vida por haberme dado tanto”, he’i.

La necesidad de pelucas crece año tras año y la solidaridad de la gente sigue siendo fundamental para continuar con la labor.

“Cada día hay más demanda de pelucas y donamos a pacientes de escasos recursos alrededor de 140 al año”, afirmó.

Pero detrás de esa misión también hay una historia marcada por el dolor familiar. “Mi abuela falleció de cáncer, mi mamá también padeció la enfermedad, gracias a Dios la pudo vencer”, contó. Sin embargo, asegura que el motor principal de su lucha nació mucho antes, en los años más difíciles de su vida.

“Mi familia es de muy escasos recursos, soy de San Juan Misiones, pasé muchas necesidades en mi niñez, adolescencia y juventud”, recordó.

Buscando un futuro mejor, dejó su pueblo y llegó a la capital a los 16 años. “Vine a Asunción a trabajar de doméstica, no llegué a terminar la secundaria y tuve una hija muy jovencita; yo era abuela memby”, relató. Los primeros trabajos fueron duros, pero el destino le tenía preparada una oportunidad que cambiaría su vida para siempre.

“Empecé a trabajar de niñera. La patrona de mi mamá tenía una peluquería y yo iba a limpiar los domingos en mis días libres. Un día la señora me preguntó si quería trabajar con ella limpiando y sirviendo café. De una le dije que sí. Yo ni en castellano sabía hablar”, recordó entre risas.

Sin imaginarlo, aquel empleo se convertiría en la puerta de entrada a la profesión que hoy le permite ayudar a cientos de personas. “Cuando van a ser las cosas de la vida. Varios años estuve limpiando y estar allí, día a día, me dio la oportunidad de aprender la profesión. De a poco empecé a lavar, secar y así fui aprendiendo. No tengo memoria para acordarme de lo feo que pasé”, expresó.

CREÓ EL DÍA DE LA DONACIÓN DE CABELLO

El momento que marcó un antes y un después llegó gracias a una pequeña paciente. “Un día llegó a la peluquería una niña que sufría de alopecia, su peluca estaba totalmente enredada. La dueña me dio como misión desenredarla”, he’i. Más adelante tuvo la posibilidad de perfeccionarse en Argentina. “Unas personas a quienes yo les arreglaba sus pelucas me pagaron un curso en Buenos Aires y allí aprendí”. Desde entonces no volvió a detenerse.

HACE 24 AÑOS QUE EMPEZÓ A HACER PELUCAS

“Hace 24 años me independicé y empecé a hacer las pelucas y nunca más paré. Hoy día tengo un taller y personal que las confecciona a máquina”, contó.

Actualmente, gran parte de su trabajo está destinado a ayudar gratuitamente a quienes más lo necesitan. “Regalo a pacientes oncológicos de escasos recursos, de todas las edades. Por eso pido las donaciones de cabello, para que la gente haga llegar su aporte a la fundación. Además, creé el Día de la Donación de Cabello, que se celebra cada 15 de febrero”, explicó.

Últimas noticias