Cuando uno tiene un sueño grande, no hay distancia ni obstáculos que lo hagan rendirse. Esa es la historia de Alfredo Bonga, un joven angoleño que llegó a Paraguay hace diez años con una sola meta: estudiar medicina. Le tocó pasar momentos difíciles, trabajar de lo que venga y hasta recuperarse de un grave accidente. Nunca perdió la esperanza. Hoy celebra que todo ese esfuerzo finalmente dio sus frutos.
“Después de 3 intentos pude ingresar a la Universidad Nacional para estudiar medicina. Cuando llegué a Paraguay, en el 2016, empecé a estudiar en una universidad privada, pero después de 6 meses mis padres ya no pudieron pagar y tuve que dejar mis estudios”, contó a Crónica.A pesar de ese duro golpe, Alfredo no se dio por vencido y siguió buscando la manera de cumplir su sueño.“Después probé ingresar a la UNA en Asunción; no pude. Luego intenté en Santa Rosa del Aguaray. Como no ingresé, me puse a trabajar y gracias a Dios me fue muy bien, tengo mi propio negocio, incluso doy trabajo a dos personas”, contó.
Sin embargo, la vida volvió a ponerlo a prueba con un grave accidente que lo obligó a parar por un tiempo.
“El 10 de junio del año pasado tuve un accidente en moto y tuve que dejar de trabajar obligatoriamente porque me rompí el fémur. Aproveché ese tiempo para dedicarme a full a los estudios y pude ingresar. Lo simpático es que el 10 de junio de este año recibo la mejor noticia, que es mi ingreso a Medicina”, he’i.
Mientras trabajaba y construía su futuro, seguía teniendo en mente la carrera, he’i. “Iba a volver a intentar en Asunción, pero cuando vi que se podía estudiar también en Misiones, intenté allí e ingresé en el lugar 34 de los 40 cupos que había”, dijo.
“INICIÉ MI CAMINO DIEZ AÑOS ATRÁS”
Para Alfredo, el ingreso representa mucho más que un lugar en la facultad. “Estoy muy feliz. Muchos de los muchachos estuvieron muy tristes al no poder ingresar. Les dije que ninguno de los 40 que ingresaron es mejor, solo que cada quien tiene historias diferentes. Yo inicié este camino hace 10 años, no creo que ninguno de ustedes tarde 10 años”, dijo.
El joven reconoce que su realidad fue distinta a la de muchos otros estudiantes, ya que tuvo que trabajar para sostenerse mientras perseguía su sueño.
“Todo es parte del proceso. Yo no me puedo comparar con otros estudiantes a quienes sus padres les pagan sus estudios. Yo tengo que trabajar para comer, pagar alquiler y no podía dedicarme al 100%. Además, estoy en un país donde todavía me cuesta el idioma, que es muy diferente a mi idioma materno”, expresó.
EN SU FAMILIA COMPARTEN SU FELICIDAD AVEI
Detrás de este logro también está el apoyo de su familia, que desde Angola siguió de cerca cada paso de su lucha. “Tengo 6 hermanos, mi madre es enfermera y mi padre es profesor. En el 2018 fui a mi país para poder traer algunos documentos que me faltaban. Mis padres también están felices al verme luchar por mis objetivos”, comentó a Crónica.
Finalmente, recordó cómo eligió Paraguay para perseguir su sueño profesional. “Tenía en mente venir a estudiar a Brasil, pero al investigar me di cuenta que era muy caro y que los estudiantes venían a estudiar acá a Paraguay, por eso decidí venir acá”, contó.

