Del altar ¡al ring!: una pasión que acompaña al pa’i desde niño

El padre Diego se ordenó hace 5 años.

Detrás de la sotana y de las celebraciones religiosas hay una historia poco común. El sacerdote Diego Pereira, de 43 años, encontró en las artes marciales una pasión que lo acompaña desde la infancia y que hoy combina con su vocación de servicio a Dios. Su amor por este deporte nació cuando era niño, mientras compartía momentos con su padre viendo películas de acción y artes marciales.“Siempre me gustaron las películas de Rocky, además de los dibujos animados, porque las veía con mi padre. También mirábamos películas de Bruce Lee, Chuck Norris y otras relacionadas con las artes marciales”, recordó el sacerdote, de la parroquia Virgen del Rosario de Lambaré.

Lejos de la imagen violenta que muchas personas tienen de los deportes de combate, el pa’i asegura que la realidad es muy diferente. “Es un deporte que siempre me gustó y no se trata de violencia. Violencia es salir a las calles y golpear a la gente o insultarla. El Muay Thai es un pacto de caballeros”, dijo a Crónica.

En ocasiones imparte la bendición desde el ring.

Su ingreso a este mundo se dio en plena pandemia, cuando realizaba visitas pastorales a las familias. “En plena pandemia, saliendo a recorrer las casas y visitando a la gente, vi una academia donde se enseñaban artes marciales. Enseguida me llamó la atención, anoté el número, llamé para preguntar los horarios y me inscribí a la siesta. Me pareció que estaba bien porque en ese horario nadie iba a saber qué estaba haciendo. Cuando me inscribí no le conté al instructor que yo era sacerdote”, relató entre risas.

La sorpresa llegó tiempo después, durante una conversación casual con su entrenador. “En una oportunidad estaba hablando con mi profesor y, entre charla y charla, me preguntó a qué me dedicaba. Le dije que era pa’i y se quedó sorprendido. Me dijo: ‘Cómo son las cosas, antes se satanizaba este deporte y ahora en mi academia hay un sacerdote’... jajaja. Enseguida puso en sus redes sociales: ‘Pórtense bien en la iglesia porque van a ligar’. Al enterarse mis feligreses me acompañaban en las peleas e incluso rezaban para que gane en las competencias”, contó a Crónica.

YA GANÓ CUATRO TÍTULOS

Con disciplina y esfuerzo, el sacerdote ya lleva cuatro años practicando Muay Thai. Participó en seis competencias, logrando imponerse en cuatro de ellas.

Ya participó en 6 competencias de las cuales ganó cuatro.

“Hace cuatro años que practico este deporte. Ya participé en seis competencias, de las cuales gané en cuatro ocasiones. La primera vez que iba a pelear le dije a mi entrenador que no dijera nada, pero no se aguantó y dijo: ‘Mañana se suspende la misa en la catedral de Luque porque el pa’i va a pelear’. En ese entonces estaba en Luque. La gente se quedó sorprendida y mi cura párroco me llamó porque él no sabía que yo practicaba este deporte. Le expliqué que no iba a interferir con las misas y no lo tomó a mal. Ese día fui a pelear y después a oficiar la misa”, contó.

EL RING SE CONVIRTIÓ EN UN ALTAR

Más allá de los triunfos deportivos, Diego asegura que una de las experiencias más emocionantes la vivió arriba del ring.“Es una experiencia muy linda tener contacto con la gente a través de este deporte. En una de mis peleas, al finalizar, el árbitro contó que soy sacerdote y, estando en el ring, la gente desde abajo empezó a pedirme la bendición. Allí ese ring se convirtió en un pequeño altar”.

Su camino sacerdotal también estuvo marcado por una profunda experiencia familiar y de fe. “Me ordené hace cinco años. Tomé la decisión de consagrar mi vida luego de la ordenación como monja de una prima. Pensé: ‘Si Dios pudo con ella, ¿por qué no podrá conmigo?’ Entonces tomé la decisión de ser sacerdote. Mi familia siempre fue servidora de la Iglesia”, finalizó.

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