Un negocio que pasó de generación en generación sigue generando fuente de ingresos. Está ubicado en Valle Puku, Areguá, y de a poco vuelve a “construir” un futuro.
Una familia de Valle Puku, Areguá, se mantiene a flote gracias a un negocio que va pasando de generación en generación, una olería. El encargado del negocio contó que le fue delegado el cargo por el suegro. Dijo que reinició todo ya que el karai contrajo una enfermedad y ya no podía ponerse a cargo.
El protagonista es Moisés Godoy, quien habló con Crónica y explicó todo lo que conlleva el día a día en este negocio.
“Lo inició el papá de mi suegro, luego se quedó con él, pero se enfermó. Trabajando mucho tiempo en el sol tuvo cáncer de piel y dejó el negocio. Se quedó parado y cuando yo me quedé sin trabajo me ofreció que me quedara a cargo”, comentó.
Ahí fue cuando su suegro le dijo que le quería dar la olería “para que lo puedas levantar de vuelta. Yo agarré y estamos trabajando a full con mi señora. El negocio familiar tiene 52 años de vida. En un momento dado teníamos 10 personas trabajando, ahora nos quedamos solo 3. Él se mantiene cobrando su salario de tercera edad”.

El lugar en donde trabajan “tiene 7 hectáreas y media, era más grande antes, tenía 12 hectáreas y media. Mi suegro se enfermaba y tenía que vender parte de su terreno y también sus animales que tenía. Yo con G. 300.000 levanté la olería y en agosto próximo van a cumplir 3 años de eso”.
En cuanto al día a día, explicó que “primero hay que buscar la arena, ver de donde conseguir, o en todo caso comprar. Como tenemos un terreno grande conseguimos de acá nomás. Hay 2 clases, la primera es la arcilla y luego otra amarilla. Este tipo de arena te sale el ladrillo blanco o rojo, nosotros sacamos ladrillo rojo normalmente, pero es el común”.
Por último, mencionó que “mi sueño es construir mi casa propia y estoy trabajando para ello, tengo 32 años y todavía no tengo hijos, justamente porque quiero construir una casa para ellos. Con mucho sacrificio, ladrillo a ladrillo yo voy construyendo ese sueño, ya tengo el cimiento hecho, suelo canjear materiales por los ladrillos que hacemos”.

Producen unos 10.000 ladrillos mensualmente
Godoy mencionó que “hay un arroyo que une la ciudad de Luque y Areguá y cuando llueve mucho suele inundar gran parte del terreno. Inclusive inunda nuestro taller también. Contra eso también tenemos que batallar. Normalmente nosotros hacemos 10 mil ladrillos por mes, en invierno tarda un poco más el secado, pero en verano sí es más rápido todo. Solemos quemar cada 15 días y enseguida se seca todo. Ahora por ejemplo tenemos un pedido grande para una cancha de tenis en Surubi’i, que están haciendo polvo de ladrillo”.

