Artesanas tejen tradición: el ovecha rague sigue vigente

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El chal es el elegido por las doñas.

Con la llegada de las bajas temperaturas, vuelve a cobrar protagonismo una tradición que poco a poco fue quedando en el olvido: la elaboración de prendas con lana de ovecha rague. En la compañía Arasapé, distrito de San Miguel, Misiones, un grupo de artesanas sigue manteniendo viva esta herencia cultural, confeccionando a mano ponchos, frazadas, medias y otras prendas que abrigan como pocas.El trabajo comienza desde cero, con la preparación de la lana y la elaboración del hilo de forma completamente artesanal, ymaiteguareicha, sin la ayuda de máquinas.“Tengo 68 años, desde los 7 trabajo con el ovecha rague. Con este trabajo crié a mis hijos, lastimosamente ellos ya no quieren seguir con esta tradición y prefieren dedicarse a hacer otras cosas”, contó a Crónica María Ferreira, quien lleva más de seis décadas dedicada al tejido con lana natural.

La artesana recordó que años atrás la demanda era mucho mayor. “Antes, cuando hacía mucho frío, se vendía muchísimo. Con un ponchito o saco de lana ya nadie sentía ni las heladas. El tiempo hizo que empiecen a bajar las ventas, pero siempre hay quien quiere seguir usando prendas de ovecha rague”, contó.

Detalló además que el proceso requiere mucha dedicación y paciencia. “Es muy trabajoso… primero se tiene que lavar la lana con agua oxigenada y jabón en polvo, se deja secar bien para hacer el hilado, que es el proceso de convertir la lana en hilo”, explicó.“Para que salga el hilo de forma artesanal, se estira y abre la lana con las manos para esponjarla y retirar cualquier impureza o ramita que haya quedado. Luego se ‘peina’ la lana utilizando unas palas con púas para alinear las fibras y dejarlas suaves”.El proceso sigue con un “estirado y retorcida” de las fibras cardadas “para unirlas y formar el hilo”, comentó.

Finalmente, se viene el tejido que en sí es obra pura de artesanía para dar forma a esos hilos de lana que abrigan una tradición.

Una de las prendas preferidas es el poncho de ovecha rague.

UN TRABAJO POCO VALORADO

Pese al enorme esfuerzo que demanda cada prenda, lamentó que muchas veces el trabajo artesanal no sea valorado en su justa medida. “Tiene mucho trabajo y lastimosamente no se quiere pagar lo que de verdad vale”, contó.

“Una vez que se tiene el hilo se empiezan a hacer las prendas, frazadas, ponchos para damas, para caballeros, chalinas, gorras, medias, tricotas, de todo se puede tejer con la lana del ovecha y el que usa puede estar seguro que no va a pasar frío aunque la temperatura esté bajo cero”, aseguró la artesana. María también expresó su preocupación por el futuro de este oficio tradicional.

CADA VEZ HAY MENOS TEJEDORAS

“En Misiones somos unas 25 artesanas nomás las que nos dedicamos a trabajar con el ovecha rague, todas ya de edad, a las nuevas generaciones ya no les interesa nuestro trabajo”.

Mientras el frío vuelve a instalarse en el país, estas doñas siguen tejiendo mucho más que prendas: mantienen viva una tradición centenaria que forma parte de la identidad misionera y que lucha por no desaparecer.

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