El brasero de barro que ya causa furor en Tobatí

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Doña Demecia no se imaginó que su creación tendría tanto éxito.

Lo que comenzó como una sencilla idea para decorar terminó convirtiéndose en una de las artesanías más llamativas de Tobatí.

Demecia Caballero de Aguayo, de 62 años, encontró una nueva forma de mantener viva una tradición que aprendió hace más de cuatro décadas. Su brasero de barro para el jepe’e no solo sirve para cocinar o dar calor, sino que también se ha convertido en una pieza de decoración muy buscada.

“Es muy novedoso”, contó con orgullo la artesana, sorprendida por la aceptación que tuvo su creación.La mujer recordó que su historia con el barro comenzó cuando apenas era una joven. “Hace 45 años empecé a trabajar con el barro, hacía tinaja, cántaro, cantarilla (cantimplora), ña’e (latona), ñaypy’ũ (tipo paila), hasta hoy día sigo haciendo y es muy llamativo y muchos llevan para adorno porque ya no utilizan utensilios de barro”, comentó.

Con el paso del tiempo, muchos de esos objetos fueron desapareciendo de los hogares paraguayos.

Demecia he’i que “las nuevas generaciones ya no conocen este tipo de utensilios. La novedad ahora es el brasero de barro de unos 50 centímetros de alto, la gente chuchi lleva para el jepe’e y lo ponen en su sala, pero también sirve para cocinar”.

Detrás de cada pieza hay horas de sacrificio y esfuerzo. “Es muy complicada su elaboración. Se junta el ñai’ũ (barro), caminamos 4 kilómetros para traer sobre nuestras cabezas en bolsa, eso se pica y se mezcla con el lodo y luego hacemos el molde y después se va al horno, en donde se queda unas 7 horas, luego se saca y se pinta”.

CON LA ARTESANÍA CRIÓ A SUS 10 HIJOS

Cada artesanía es elaborada como se hacía antiguamente, únicamente con las manos. “Todo lo hacemos con nuestras manos de manera tradicional, sentada sobre una silleta elaboro mis productos y después ya está listo para la venta. En nuestra casa nomás vendemos, antes ponía sobre mi cabeza y salía a vender para mantener a mis 10 hijos”, recordó. La artesana también habló con nostalgia sobre el futuro del oficio porque se da la constante en que las nuevas generaciones no siguen los pasos de quienes los trajeron al mundo.

“Mi marido trabajaba en la olería y yo con las artesanías, ninguno de mis hijos quiere continuar este trabajo, ahora uno de mis nietos es el que demuestra interés y se ensucia las manos con el barro”, dijo con algo de alivio.

Entre hornos, barro y recuerdos, Demecia sigue moldeando mucho más que artesanías: mantiene viva una tradición que forma parte de la identidad de Tobatí y que espera dejar como herencia a las nuevas generaciones.

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