Lo iban a asaltar pero “alguien” los observaba

Agregar Crónica en
| Por Ariamne Roa
El trayecto de casi tres kilómetros que Ricardo recorre todos los días es tenebroso en las noches he’i.

Cuando la jornada laboral termina, para Ricardo empieza otra batalla: volver sano y salvo a su casa. Trabaja hasta las 22:00 y, debido a la escasez de colectivos, llegar a su hogar en Mariano Roque Alonso se convirtió en una verdadera odisea. La empresa donde presta servicios lo acerca hasta un punto estratégico, pero desde allí debe recorrer a pie cerca de tres kilómetros. Un trayecto que realiza casi siempre cerca de la medianoche y en el que ya le tocó vivir de todo.“No tengo de otra que caminar ya que a las plataformas les marca zona roja y no quieren entrar en esa zona. A eso se le suma que ningún bolsillo va a aguantar pagar ese servicio todos los días”, empezó contando a Crónica.Una de esas noches quedó grabada para siempre en su memoria. “Faltaban unas 4 cuadras para llegar a mi casa, a eso de las 11:30 de la noche, y se me cruzan dos muchachos. Me calmé y en ese momento me encomendé a Dios”, recordó.

Lo que parecía un encuentro cualquiera tomó otro rumbo en cuestión de segundos.“Al cruzarme me piden moneda y les di. Cuando le pasé la moneda, uno saca un machetillo y me dice en guaraní: ‘ore kape romonda mo’ã, pero nde rapykuépe oĩ peteĩ omaña vaíva orerehe’ (nosotros amigos te íbamos a robar, pero atrás tuyo hay alguien que nos mira mal), y se fueron corriendo”, contó.

Para Ricardo, lo ocurrido aquella noche tuvo una explicación especial. “Particularmente no voy a una iglesia, pero creo bastante en Dios Todopoderoso. Además, llevo muy presente que cuando le sueño a mi papá, que ya falleció, dependiendo de la situación, si está triste o alegre, es para advertirme algo”, contó.

Según relata, esas señales nunca le fallaron. “Hasta hoy nunca me falló. Podría ser mi mente nada más, pero lo llevo en cuenta. Ese día, por ejemplo, le soñé triste y solo me miraba sin decirme nada. Entonces dije: acá tengo que tener mucho cuidado”, recordó. La convicción de Ricardo es firme y siente que aquella noche no caminó solo. “Creo realmente que ese día fue mi papá el que me acompañaba. Cuando le sueño, él siempre me guía durante el día”, he’i.

YA VIO DE TODO EN SU TRAYECTO

Las caminatas nocturnas le han mostrado una realidad que pocos conocen de cerca. Entre la oscuridad, el abandono y la inseguridad, asegura haber visto escenas que parecen sacadas de una película de terror.

“Ya vi de todo durante mis caminatas nocturnas. El móvil me deja al costado del Shopping Mariano y, en mi trayecto, he visto mujeres ser asaltadas, los famosos chespis deambulan como zombis, hasta malos espíritus ya vi cuando el tiempo está feo, gente que de la nada aparece y desaparece. Al principio me asustaba y rezaba, pero después de tanto tiempo ya no hago caso, lo hago parte de mi caminata noche tras noche”, contó.

Últimas noticias