Un lugar en el que el tiempo “nunca corrió”

Agregar Crónica en
La cecina es la forma tradicional de mantener la carne por mucho tiempo sin que se descomponga.

En el Chaco el tiempo parece haberse detenido, pero no por falta de progreso, sino porque la sabiduría de los antepasados continúa demostrando su valor. Allí, donde el agua es considerada un verdadero tesoro y el ingenio reemplaza a la tecnología, vivir es una lección diaria de resistencia y creatividad.

Lejos de quedar en el olvido, los métodos ancestrales forman parte del día a día. Envolver un termo con una tela mojada para enfriar el agua, secar la carne al sol para conservarla durante semanas, prensar el queso para que dure más tiempo, curar dolencias con remedios yuyos o buscar señal colgando un teléfono de la copa de un árbol son prácticas que siguen vigentes en pleno siglo XXI. César Cattebeke, técnico agropecuario y chaqueño, asegura que esas enseñanzas pasaron de generación en generación y permitieron que muchas familias aprendieran a convivir con las carencias.

“La gente se adapta a lo que tiene y siempre encuentra una solución para todo. Hay que ingeniarse para la supervivencia”, dijo a Crónica César Cattebeke, técnico agropecuario y chaqueño de corazón.

César Cattebeke he’i que uno se acostumbra a la vida en el Chaco.

Sin energía eléctrica, conservar los alimentos requiere creatividad: “No tenemos heladera y para enfriar el agua se forra el termo con una tela. Eso se mantiene mojado y se cuelga para que le sople el viento; de esa manera se enfría el agua. La carne se seca y se hace cecina o so’o piru para que no se descomponga y así se mantiene afuera. Son métodos de antaño que pasaron de generación en generación”.

“En cuanto a las verduras, lo que se usa es el ajo y la cebolla; eso no debe faltar. Y lo que más se consume acá es el tembi’u morotĩ. El queso se prensa y se seca, y así se mantiene durante mucho tiempo”, comentó.

EN LA COPA DE UN ÁRBOL PARA EL WIFI

La comunicación tampoco queda librada al azar. “Para no estar incomunicados, los celulares se cargan con una batería y, para estar todos conectados, también nos ingeniamos para tener WiFi”, señaló. Conseguir señal de teléfono puede convertirse en toda una aventura.

El celular lo suben a la copa de un árbol para poder tener wifi.

“Hay solo una telefonía que tiene señal en los lugares más lejanos. Ese aparato se pone en una bolsa y se cuelga de la copa de un árbol. Hay lugares donde con alzarlo cinco metros ya hay señal, mientras que en otras zonas se necesitan entre 12 y 15 metros para tener cobertura. Ahí se anclan entre seis y siete teléfonos para estar comunicados”, relató.

RECURREN A CONOCIMIENTOS ANCESTRALES

La vida en el Chaco también enseñó a sus habitantes a recurrir a los conocimientos tradicionales. “Como chaqueños también adquirimos muchos conocimientos; incluso, para cualquier dolencia ya sabemos qué yuyos tomar”, afirmó. Pero si hay algo realmente valioso en esa tierra, es el agua. “Es el oro del Chaco. Los que pueden tienen aljibes; los que no, toman agua de los tajamares. Al que no está acostumbrado le da una gastroenteritis, pero con tomar guayacán pire ya pasa y después ya no le hace nada”, manifestó.

Finalmente, César resumió el sentimiento de quienes hicieron del Chaco su hogar. “El cuerpo se adapta y, una vez que pasa eso, ya no se siente ni el calor y ya no se quiere dejar el Chaco”, concluyó, dejando en claro que, más que un lugar para vivir, el Chaco termina convirtiéndose en una forma de vida.

Últimas noticias