Joven paraguayo falleció en una guerra que no era suya

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| Por Ariamne Roa
Néstor Barreto tenía 21 años y hace solo dos meses llegó a Ucrania, contó su papá.

Lo que parecía una guerra lejana terminó destrozando a una familia paraguaya. La ilusión de un futuro mejor se convirtió en una tragedia para los Barreto, de Choré, San Pedro. Néstor Adrián, de apenas 21 años, perdió la vida mientras combatía en la guerra entre Ucrania y Rusia. Hoy, entre el dolor y la impotencia, su padre rompe el silencio y asegura que su hijo fue engañado con la promesa de ganar mucho dinero.

“Hace dos meses que él fue a Ucrania. Hablamos unos días y ahora me llegó la noticia que a mi hijo lo mataron. Él no nos había contado que iría a la guerra, nos ocultó su preparación. Recién cuando ya estaba allá nos enteramos para qué se fue”, contó don Maximiano, el dolido el padre.

He’i que recién cuando estaba en la contienda “me dijo que hizo eso para traer mucha plata, pero fue engañado y murió en una guerra que no era suya”.

“Le hicieron un lavado de cerebro. Son tres paraguayos los que viajaron: dos de San Pedro y uno de Canindeyú. No sabemos quién les reclutó”, he’i. “Mi hijo estaba trabajando acá, en San Pedro, en la colocación de cámaras de seguridad. Después viajó a España junto a su hermano mayor para buscar un mejor futuro y, desde allí, lo llevaron a Ucrania”, contó.Con la voz quebrada por el dolor, el padre también hizo un desesperado pedido a las autoridades para poder recuperar al menos algún recuerdo de su hijo.“Pido al Gobierno que me ayude a traer por lo menos las pertenencias de mi hijo, si su cuerpo no se va a poder traer”, dijo.

NO LE PAGARON NADA ASEGURÓ HÍNA EL PADRE

Don Maximiano recordó que nunca dejó de rezar por su hijo.“Todos los días me comunicaba con él cuando no estaba en misión. Me decía que estaba bien, nos pasaba fotos y hacíamos videollamadas”, comentó.

“El 14 de junio me comunicó que se iría a una misión. Yo me pasaba orando por él en todo momento”, confesó. La noticia de la muerte fue comunicada por un supuesto instructor militar. “De allá me llamó un supuesto sargento. Es un colombiano que me dijo que era su adiestrador. Mi hijo le había dado mi número y el de su hermano para que nos avisara si caía en batalla, por eso él nos llamó para informarnos. La información que me dio fue que un dron cayó y explotó a la altura de su pecho”, contó el sufrido padre. Finalmente, denunció que las promesas económicas nunca se cumplieron: “Le habían prometido un sueldo de 4.500 dólares y supuestos premios de 3.500 dólares por cada misión. Él tenía que cobrar más de 13.000 dólares, pero no le pagaron ni un solo guaraní”.

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